La concha del armadillo, llamada caparazón, está compuesta de hueso dérmico cubierto por escamas, que están hechas de queratina, la misma proteína que constituye el cabello humano y las uñas. El caparazón es flexible, lo que permite que el armadillo rode en una pelota cuando se siente amenazado. La parte inferior del armadillo está cubierta de piel suave.
Los armadillos se describen típicamente como sentirse correos o escamosos al tacto. Su pelaje suele ser corto y erizado, y su piel es dura y gruesa. Algunas personas describen los armadillos como una combinación de una tortuga y la piel de un cerdo.
La textura de la concha de un armadillo puede variar según la especie. Algunas especies tienen conchas suaves y brillantes, mientras que otras tienen conchas ásperas y baches. El tamaño y la forma de la concha también pueden variar de especies a especies.
Los armadillos no suelen considerarse animales tiernos o blandos. Sin embargo, algunas personas los encuentran interesantes e incluso entrañables. Si alguna vez tiene la suerte de conocer un armadillo, asegúrese de tomarse un momento para apreciar su apariencia y textura únicas.