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El salmón, como otras especies de peces anádrómicos, exhibe notables adaptaciones fisiológicas para mantener su salto y el equilibrio del agua durante su migración entre los ambientes de agua dulce y de agua salada. Para comprender cómo el salmón logra este equilibrio, consideremos los desafíos que enfrentan durante su migración:
Osmoregulación en agua dulce:
Cuando el salmón se mueve del agua salada (mayor salinidad) al agua dulce (salinidad inferior), hay una tendencia a que el agua ingrese a su cuerpo a través de la ósmosis. Para contrarrestar esto, el salmón transporta activamente iones, como sodio (Na+) y cloruro (Cl-), desde el agua hacia el torrente sanguíneo. Este proceso asegura que conserven iones esenciales y eviten la dilución excesiva de sus fluidos corporales.
Osmoregulación en agua salada:
Cuando el salmón migra del agua dulce al agua salada (mayor salinidad), el desafío se convierte en agua de retención y evita la pérdida excesiva de iones. Para lograr esto, el salmón reduce su producción de orina y transporta activamente iones, como Na+ y Cl-, de sus branquias hacia el agua de mar circundante. Esta adaptación evita la deshidratación y mantiene el equilibrio adecuado de los iones en su cuerpo.
papel de las branquias:
Las branquias de salmón juegan un papel crucial en el mantenimiento de la sal y el equilibrio hídrico. Están equipados con células especializadas llamadas células de cloruro, que son responsables del transporte de iones. Estas células bombean activamente iones contra el gradiente de concentración, regulando el movimiento de sal y agua a través de las membranas branquiales.
Regulación hormonal:
El salmón también depende de la regulación hormonal para mantener su saldo y equilibrio hídrico. La prolactina, una hormona producida por la glándula pituitaria, juega un papel vital en el control del movimiento del agua en las branquias y los riñones. Cortisol, otra hormona liberada durante el estrés, ayuda a movilizar iones y mantener la osmoregulación.
En resumen, el salmón mantiene con éxito su equilibrio de sal y agua durante la migración a través de una combinación de transporte de iones activos, adaptaciones en sus branquias y regulación hormonal. Estos mecanismos fisiológicos les permiten prosperar en ambientes de agua dulce y de agua salada en varias etapas de su ciclo de vida, lo que los convierte en un ejemplo fascinante de adaptación acuática y resistencia.