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Un paisaje de páramo se refiere a un tipo de hábitat o ecosistema que se caracteriza por áreas de tierras altas abiertas y no cultivadas, a menudo cubiertas de brezo, tojo y otras plantas de bajo crecimiento. Los moros se encuentran típicamente en climas templados, particularmente en regiones con altas precipitaciones. A menudo se asocian con áreas montañosas o de tierras altas, donde los suelos están mal drenados y ácidos, lo que los hace menos adecuados para la agricultura.
Los moros a menudo se consideran áreas salvajes y no cultivadas, y apoyan la flora y la fauna únicas. Son el hogar de varias especies de plantas adaptadas a condiciones ácidas y pobres en nutrientes, como brezo (Calluna vulgaris), Ling (Calluna Erica), tojo (Ulex Europaeus) y Juncias (especies Carex). Estas plantas proporcionan alimentos y refugio para una variedad de animales, incluidas pájaros como urogallos y skylarks, pequeños mamíferos como conejos y tensión, y reptiles y anfibios.
Los moros también son importantes para su papel en la regulación del agua y el almacenamiento de carbono. Los suelos de la turba de los moros pueden absorber y retener grandes cantidades de agua, ayudando a evitar inundaciones y regular el flujo de agua en las áreas circundantes. Además, la vegetación densa y la materia orgánica en los moros pueden almacenar cantidades significativas de carbono, contribuyendo a la regulación climática.
Algunos paisajes de páramo se designan como áreas protegidas debido a su importancia ecológica y biodiversidad única. Los esfuerzos de conservación a menudo se centran en preservar estos hábitats y manejarlos para garantizar su sostenibilidad a largo plazo y su función ecológica.