La causa más común para la extinción de los animales es la pérdida de hábitat. Esto significa que los hábitats naturales de los animales se degradan o destruyen, a menudo como resultado de actividades humanas como la urbanización, la deforestación, la minería y la agricultura. Esto no solo priva a los animales de su comida y refugio, sino que también fragmenta a las poblaciones, lo que los hace más vulnerables a la caza, las enfermedades y la endogamia.