Los camellos no construyen casas en el sentido tradicional. Son animales nómadas y prefieren deambular libremente a través de vastos paisajes desérticos. No se sabe que creen refugios, nidos o madrigueras.
En cambio, los camellos confían en sus adaptaciones físicas para sobrevivir en el duro entorno del desierto. Su pelaje grueso, las jorobas para almacenar grasas y tolerancia a la deshidratación les ayudan a soportar temperaturas extremas y falta de agua.